La señora de las agujas

Recuerdo estar mirando por la ventana. Me sentía bastante feliz. Contemplando el paisaje y viendo la carretera. Por esa carretera subía la persona que venía a cuidarme o entretenerme. Me puse triste y lloré, no quería quedarme a solas con esa persona. Notaba ya en la distancia, esa sonrisa perversa y malvada, que a los adultos sin embargo, les resultaba tan cariñosa, apacible y amable.

Cuando mi hermana o mi madre, me llevaba a la cama, le pedía que quedara conmigo, que me quedaría calladito. Pero nunca conseguí convencerlas. Al poco rato, venía esa persona con su sonrisa simplona, y alegre para los adultos. Yo quedaba solo con ella. Al quedarme medio dormido, quitaba algo de su bolso y me pinchaba, y la veía disfrutar haciéndome daño, y sonreía silenciosamente. Yo gritaba, y al poco rato venía o mi hermana o mi madre.

Algunas veces, mi hermana y mi madre sabían que esa persona algo malo me hacía. Pero esa persona ponía esa carita de santa, y como si le borrasen la memoria, me volvían a dejar sólo con ella. Y volvía otra vez a pincharme con más fuerza, y yo gritaba y lloraba; y nuevamente volvía otra vez mi hermana o mi madre. La llevaban fuera de la habitación, y en voz baja, podía oír que decían que yo estaba delirando otra vez. Y volvía a quedarme otra vez solo con la señora. Volvía a pincharme, yo gritaba y lloraba a más no poder, pero de mi boca ya no salían ni gritos, ni llantos, ni palabras, había enmudecido.

No sé el por qué, pero venía o mi hermana o mi madre, como si sintieran que algo no iba bien. Yo sólo señalaba a esa señora, con mis brazos y mis ojos llorosos llenos de pánico. Me calmaban pero, volvían a dejarme con ella. Volvía otra vez a pincharme; sentía su alegría enfermiza y su sonrisa perversa y malvada. Ya no intentaba gritar, ya sabía que no podían escucharme, y lloraba como nunca, creo recordar, haber llorado en mi vida. Poco a poco, se me iban cerrando los ojos. Ya no veía nada, ya no sentía nada, sabía que había muerto y despertaba.

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