Ratas

Fui a una casa, una desconocida, más bien, debería decir mansión, donde estaban una mujer y unos niños, y a pesar de que me resultaban familiares, no los conozco. La mansión había sido invadida por ratas. Entré en una de las cocinas inferiores de la mansión, dentro de la cual, había una puerta que daba a un desván, donde se oían gritos de un niño pidiendo auxilio. Entre abrí la puerta pues no confiaba que la voz que oía fuese de un niño, y había un ser medio carcomido. Tenía la impresión que había sido el amo de la mansión que se lo tenía bien merecido por haber experimentado con las ratas, o era una rata en metamorfosis, y cerré la puerta.

Encontré a la mujer y a los niños, y salimos de la mansión por una brecha que había hecho al entrar. Al taparla de nuevo, la golpearon, pidiendo escapar, sabía que no iba pasar nada malo; eran unos cuatro o cinco gatos. Al querer taparla nuevamente, una rata, se puso a hablar, y me decía, que quería irse con nosotros, que era buena, y que había visto crecer desde mi niñez, pero sabía que era una rata. Y tapé la brecha, y nos marchamos en el coche, la mujer, los niños, los gatos y yo. Y desperté.

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