Sueño a la americana

Siempre me hizo mucha gracia, y cuanto lo contaba, mis amistades se reían mucho de mi. Supongo que ahora, pasara algo similar.

Por supuesto, en mi sueño estaba casado, con dos hijos, tenía una casa en una urbanización de primera, y como coche, un todo terreno. Y no, no había perro.

Yo trabajaba para una empresa para el gobierno, o simliar, no sé, en un proyecto de alto secreto. En este proyecto se usaban abejas con fines de espionaje y militares. Estas abejas habían sido modificadas genéticamente y tenían una parte robótica, y se habían construido unas celdas que estaban enterradas en el subsuelo. Desde los ordenadores se tenía el control sobre las celdas y sobre las abejas. Cada celda sólo tenía cabida para una abeja. Mi trabajo, básicamente, consistía en hacer un seguimiento de las tareas realizadas por las abejas, y que el número de abejas siempre fuera constante, emitiendo los correspondientes informes para otros departamentos.

En un control rutinario me di cuenta que ciertas resultados no coincidían. Entonces, desarrollé un programa que estimase unas aproximaciones; tanto de superficie ocupada por las celdas, y cuantas abejas podría haber realmente en toda la colmena. Según el programa, la abejas habían creado más celdas, o por propia iniciativa, o bien se había dado luz verde, de forma oculta, a un proyecto cualificado como de muy peligroso. El número de abejas se habría como mínimo, triplicado. Recuerdo quedarme en silencio durante bastante rato delante del ordenador. No hablé con ninguno de mis compañeros de trabajo. Llegó la hora de salir, cogí el todo terreno, y llegué a casa. Salió mi esposa a recibirme, y me miró a los ojos. Yo no dije nada. Fue a buscar a los niños, e hizo las maletas. Yo me senté en el asiento de al lado. Ella se puso al volante, y nos marchamos.

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