En la oscuridad

En Vigo, hace algún tiempo

En la oscuridad había equilibrio. En la oscuridad había la nada. Y la nada quiso ser algo, y explotó. Y tras millones de años, nacieron planetas, y nacieron los humanos, y también nací yo.

Debería sentirme bien. ya no siento ninguna pasión. Estoy muerto. Un juguete roto. Será que me he vuelto humano. Será que me he vuelto racional. Hago lo mínimo. Soy como un ser catatónico vestido de negro en la inmensidad de la noche.

No hay esperanza. No existen los milagros. Como el hijo que acaba de nacer y padece cáncer incurable.  Sería absurdo amarle porque nunca abrirá los ojos. Nunca dirá mamá o papá. Se supera todo eso por el simple hecho de llorar su muerte. Ojalá supiera como se llora. Llorar en silencio podría servir; derramar lágrimas en silencio que nadie pueda sentir, cual árbol que cae en soledad, ¿hará ruido?

Sólo espero no volver a sentir. Ser uno más sin ser uno más. Un estúpido más, un holgazán más, un cerdo más, en definitiva, un inútil más. En definitiva, me conformo con ser un idiota amargado. Ser un cenizo que coloca paraguas invisibles en los árboles.

Soy un muerto viviente, es mi destino. Sólo espero que el asco de vida me lleve al otro barrio antes de la jubilación, que con la suerte que padezco, no será así.

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Acerca de silencioparasiempre

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