El devenir del tiempo – La diosa de la sonrisa

En vigo, hace algún tiempo

Era la diosa más bella sin duda. Y su sonrisa de lo más cautivadora, elegante, inteligente y presumida como ninguna. No se podría saber si su sonrisa te invitaba a la muerte o la vida. Vivía en un gran palacio suntuoso, y se sentaba en un trono de oro y esmeraldas. Regía con su sonrisa el destino del universo. Se sentía feliz y llena de vida, pero llegó un día en que un gran vacío se adentró en su alma.

Quiso tener respuestas a su vacío, y a pesar de todo su poder,  no hallaba ninguna. Ningún dios a los que pudo consultar le dio una respuesta válida. Entonces buscó la respuesta entre los seres mortales. Y se decidió por probar el amor del hombre. Se sació a más no poder, pero seguía sintiendo un gran vacío en el alma.

Congregó a todo hombre, a que acertara si la sonrisa que le mostraba era una sonrisa de amor, o de mentira. Y aquél que acertará, aquél sería su amor. Fueron muchos los que acudieron, unos dijeron que era de amor, otros de mentira, otros dijeron que era una mirada fría, otros simplemente quedaron en silencio. Pero ninguno llegó a acertar, y a todos le costó la vida.

Viendo su fracaso, se propuso que al primer hombre que entrase, le entregaría su amor. Y así lo hizo, y pesar de que lo amaba, y él la amaba, la diosa sentía que no era amor de verdad, y el vacío de su alma seguía creciendo.

Y se convirtió en todo ser vivo, desde su nacimiento hasta su muerte. Se convirtió en león, y sintió el placer de la carne al devorar una cebra. Procreó en la época de celo y sintió el placer de la vida. Pero aún así, seguía sintiendo un gran vacío en el alma. Se convirtió en cebra, y luchó bravamente por copular con las hembras. Y sintió el placer de la muerte cuando era comida por hienas y leones. Se convirtió en hembra, y sintió el salvaje placer de la conquista, y el nacimiento brutal de sus hijos.

Y aún así se sentía vacía. Quiso ser madre humana. Y procreó a miles por muchos planetas. Les dio de comer. Y les ayudó cuando se lo pidieron. Veló por ellos, oyendo sus plegarias y concediendo sus deseos. Y fue amada y venerada como ningún otro dios había sido. Pero aún así, seguía sintiendo un gran vacío en el alma.

Su sonrisa se volvió agria, y su alegrías y esperanzas, en tristeza solitaria. Se encerró en si misma. Y pensó que tal vez hubiese un dios que la hubiese visto nacer. Pero no obtuvo respuesta. Y lanzó un grito de impotencia, y muchos mundos explotaron por su sonido, y muchos seres se quebraron como hielo.

En otros muchos lugares, los seres que en ellos habitaban, sintieron su mal, y destruyeron sus templos, y mataron a sus hijos y seguidores. Cuando comprobó lo que su grito había provocado, pidió perdón a todos esos seres. Devolvió a la vida a todos a esos mundos. Pero esos seres terrenales, desconfiaron de ella, y no volvieron a levantar templos en su honor, y su nombre quedó en el olvido.

Acalló sus deseos, y sus impulsos, y guardo silencio para el resto de su existencia en el templo del silencio. Pero nunca pudo acallar el vacío de su alma.

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