Es miércoles

En Vigo, a 21 de marzo

Es miércoles,  y tal vez haga frio, y tal vez hasta llueva. No lo sé. Aún no he salido a comprobarlo.

Mañana empezará un nuevo día, un nuevo día de trabajo, un nuevo día donde tendré que fingir una sonrisa al alba, donde tendré que  fingir una sonrisa de esperanza. Engañarme a mí mismo, como engaño a los alumnos. Debería de estar acostumbrado.

Deseo ya que estemos en Julio del año que viene. Quiero saber de una vez, si seré siendo un idiota sin remedio, o hubo algún remedio para el idiota: quizá sea tonto. Quizá me haya tocado la primitiva, o quizá me haya caído un piano encima. O me halla quedado atascado en el retrete. No sé lo qué pasará. Sólo espero que pase pronto. Lejos aún está.

Creo que intentaré en lo posible realizar una sola tarea, tal vez php, tal vez javascript, tal vez jquery, tal vez… Buscar un objetivo fácil y asequible. Repetirlo. No me será fácil. Auto-aprenderse no es nada fácil. Supone un esfuerzo descomunal.

Pensar que no sabes cuando se sabe, pero realmente no sabe todo lo que supuestamente debería saberse. Hasta la fecha, siempre que he intentado algo semejante, he fracasado estrepitosamente. Debo intentarlo, a pesar de toda la insatisfacción que me va a producir, y que a priori, no me conducirá a nada, al menos en corto plazo.

Y aquí el tiempo, es un enemigo a tener en cuenta, la edad, la vida laboral; toda una invitación a sobrevivir, a sobrevivir sonriente mientras me llevo a la boca un trozo de pastel amargo de la vida. La vida es un asco, mas si soy idiota qué importa.

Como idiota no debería tener sentimientos, ni deseos, ni emociones, ni pasiones… pasiones. Ojalá la vida fuera un puro deseo carnal, que fácil sería la vida siendo un animal que se rige por sus instintos. Pero no, hay que complicarlo, buscamos lo verdadero, y a veces, lo tenemos delante, y estamos tan ciegos que no lo vemos.

Es miércoles, pero podría ser cualquier otro día. Nada hay de especial. El que nada no se ahoga, y para ahogarme no necesito saber nadar. Un chiste malo, de lo contrario sería chistoso, incluso  gracioso. No me ha servido de nada el libro “Aprende a ser simpático en 21 días”. Después de leerlo sigo igual de idiota, y tan simpático como una tortuga muerta. Ya me decían que la simpatía nada tiene que ver con la ironía, será por eso que se me ahoga hasta en una gota de agua.

Y ni siquiera es miércoles, es lunes. Y empieza la primavera, aunque sólo sea en el calendario, y en el tiempo soleado; en mi mente, sigue tranquilamente instalado el invierno, vestido de negro y apostado tras la ventana.

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