A veces, no es suficiente

En Vigo, a 30 de marzo

No sé el por qué lo más sencillo resulta tan y tan complicado. Un simple “hola” se convierte en una tortura agónica, sin sentido  a veces,  ¿acaso tengo miedo de que piensen que me faltan un par de tornillos? ¡Por favor, si me faltan más de doscientos!

A veces uno se comporta infantil, y patéticamente; ciertas decisiones  son como una losa terrenal que impide ver la luz de la vida. Son como cadenas adosadas a fantasmas que se arrastran sin descanso por las frías baldosas del castillo, en noches solitarias sin hallar un consuelo que las redima…

Es algo que no puedo evitar, sentirme culpable, día tras día. Guardar silencio o no. No sé. Quizá no halle perdón. Quizá me lo merezca. Seguramente sí, ni una palabra como respuesta merezco.

A veces no basta la sinceridad. A veces no basta la verdad. A veces no basta ni las palabras ni lo hechos. A veces ni el todo es suficiente. A veces no se puede hacer nada. A veces el sufrimiento es vano.

 A veces, una simple mirada… a veces, una leve sonrisa, inesperada y maravillosa, me recuerda lo hermosa que es la vida, y sentirlo más aún todavía, ¡cómo no vas a apasionarme!

A veces, da igual lo que uno haga, no es suficiente.

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