Nada hay

En Vigo, a 30 de marzo

Nada hay más allá en el horizonte salvo más horizonte que nunca se alcanzará. Nada espera en la cima de montaña salvo la nieve que nunca se derretirá.  Tal vez una tormenta la acompañe, tal vez unos nubarrones negros sigan mis pasos, recordándome en silencio mi soledad.

Nada hay más allá de las praderas cubiertas de flores si la primavera se acercará. Nada hay más allá del nacimiento del riachuelo donde las libélulas vuelan silenciosamente sobre el agua que nadie beberá. Nada hay, salvo un vacío que se agranda con cada sonido mortuorio de campana en el insignificante tiempo de vida de un insecto.

Nada hay, salvo el paso de los días, donde el ayer se repite sin final, como nota desafinada en un piano que nadie aprendió a tocar.

Quizá hubo algo, alguna vez. Quizá fuera real; quizá una ilusión; quizá un sueño de alguien que quiso despertar. ¡Qué importa! Nadie lo va a recordar.

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