Poesía de Pura Excepción

En Vigo, 13 de abril

Hace algunos años buscando como crear y comprobar el funcionamiento de un foro, y también como vía de escape a mi agotamiento mental, me inscribí en uno. Finalmente, por falta de tiempo lo dejé.

Al principio no participa gran cosa, debido en parte a mi misantropía, y en parte porque bastantes años atrás había quedado hasta los mismísimos de algo parecido en temas de programación.  No uso las redes sociales ni nada que se le parezca, a pesar de que reconozco sus enormes posibilidades en el ámbito profesional. De hecho tenía pensado pasar inadvertidamente. Siempre he sido más bien un lobo solitario al que le sigue gustando aullar a la luna.

Con el tiempo fue una sorpresa para mí, pues volví a escribir con cierto aire literario, y hasta logré entablar ciertas amistades, algunas de las cuales aún dura hasta hoy.  Sobre todo a tí Zelig, gracias por tu amistad y por seguir soportándome.

Como ya había comentado en otro post, empecé por mis sueños infantiles, y debido a un reto, del que me siento orgulloso de haber aceptado, empecé nuevamente a escribir.

Uno de esos escritos, como tantos otros, eran apuntes de años atrás que entregaba a mis alumnos en formato barrene personal.  Éste, era la introducción al tema  “las excepciones” en un lenguaje de programación llamado Java.

Poesía de Pura Excepción

Era una noche de relámpagos sombríos y lluvia plateada, que invitaba sigilosamente al mundo de los sueños. En la acogedora estancia y a la luz de una lámpara temblorosa, me hallaba postrado en mi ‘adormidera’, como tantas otras noches.

Tenía en mis manos un libro antiguo y usado de programación a la antigua usanza. En él descansaban mis ojos como pasajeros soñolientos de un largo viaje. Las funciones centelleantes que se definían e implementaban en la aplicación, se fueron desvaneciendo como lánguidos fantasmas, y como sombras tenebrosas se apoderaron del estado febril de mi mente.

La inicialización del programa aparentemente era sencilla, pero un análisis profundo, revelaba todo un conjunto de comprobaciones de errores salidos de la nada, esperando al acecho cuales lobos famélicos y hambrientos. La misma metodología o similar, aparecía en las funciones implementadas. Las posibles condiciones de error se comprobaban al unísono que el código correcto, creando un bosque espeso de viejas brujas disfrazado de cuento infantil. Y distinguir lo correcto de lo erróneo, era como averiguar si la manzana que te ofrece la mano sabia de una vieja señora, es en verdad una jugosa manzana, o una invitación al paraíso celestial. Y en este frondoso bosque, de condiciones de error y código correcto, de valores devueltos a recordar, de constantes simbólicas, de variables globales de error, de mensajes inexplicables, que se clavaban en mi mente como espinas sangrientas de plantas silvestres, despertó sin esperarlo, el nuevo día como beso de bella durmiente.

Y los rayos de la orientación a objeto, dibujaron en mi semblante, la sonrisa mansa del docto constructor. Y el nuevo amanecer, me reconfortó sabiendo, que ante un resfriado se produce llana y automáticamente una excepción, y pase lo que pase, siempre tendré a mi lado los besos dulces de mi amada sin temor a contagiarla.

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