Ojalá

En Vigo, 14 de abril

Ojalá pudiera olvidarme en un sueño y no despertar nunca jamás. Ojalá pudiera hundirme en el océano y abrazar definitivamente la soledad. Ojalá pudiera ser un piano de cola y estamparme en pedazos contra suelo y no ser tocado jamás.

Ojalá pudiera pudrirme en el infierno por la eternidad. Ojalá fuera ciego, sordo y tetrapléjico… ¡vaya si ya soy un inútil! No hay mucha diferencia la verdad. Ojalá no hubiera nacido,  y ni un ángel sin alas acudiría ni por piedad.

Sí, ojalá fuera así. Más soy cobarde, que el destino no sabe ni de mi existencia y nunca jamás se enterará. Al menos fuera borracho, drogata, psicópata y mal hablado. Al menos tendría una excusa que argumentar, y darle una buena razón al loquero al que visitar.

Ojalá fuera algo más listo, más en idiota, como siempre, me he de quedar…  así me va; y una vez más el silencio será el testigo que nadie oirá. Sólo la lluvia seguirá mis pasos, y siempre será invierno aunque sea primavera en verdad.

Ojalá fuera ya viejo, y las últimas bocanadas de aire se convirtieran en realidad, y en mi último sueño sólo viera pájaros muertos cayendo sin cesar. Nunca jamás podré perdonarme a pesar de no haber hecho nada malo en realidad. Es algo que no puedo evitar, y menos acallar. Será que lo tengo bien merecido por ser idiota sin remedio, y tonto hasta el final. La vida es un asco que una vez tuvo la osadía de mostrar una sonrisa, que aunque maravillosa, finalmente no me correspondía. Ojalá supiera como llorar.

Ojalá no fuera leal a mis palabras, y sintiera lo que siento como ajeno. Sería igual de idiota, pero al menos, algo más risueño que un payaso de muñeco. Hoy tengo celos.  Hoy me siento morir. Hoy es un día como otro cualquiera. Hoy es un día más.

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