Palabras al viento

En Vigo, a 14 de abril

Palabras y más palabras, palabras para aburrir a un muerto, o llevarlo definitivamente a la tumba. Palabras que resuena como susurros en la tempestad de la noche.  Palabras y más palabras, engañosas y elucubradoras de enredos y mentiras. Palabras que suenan y se las lleva el viento a galope de corcel.

Palabras que si las sintiera me quedaría callado. ¿Acaso las palabras tienen más afilado el filo que el chuchillo de carnicero? Uso las palabras como una combinación de símbolos, que tal vez produzcan algún significado que se pueda buscar en un diccionario. O quizá las use como un hechizo poético o literario para sacar provecho de mi perversa vena egoísta. Para engatusar y encandilar como cualquier otro machito alpha disfrazado de poeta a la amada. Y hasta puede que suelte mi vena romántica y exclame versos de amor cual político embaucador.

Sí. Las palabras tienen ese poder. Ese poder de clavarse como cientos de pequeñas agujas en la mente quizá para la eternidad, y  que jamás encontrarán un hogar donde descansar. Ese poder de definirme de forma inconsciente y con toda fidelidad. Y quiera o no, me acompañaran en el paseo de la vida como amante silenciosa, y hasta el final de mis días, como el cuerpo y la mente.

Sí. No puedo olvidar que mis palabras escritas permanecerán algo más en el tiempo, y que por desgracia, en mi caso por fortuna, no se las llevará ni el viento.

Para lo bueno o lo malo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la alegría y en la tristeza… En todo cuanto soy, estarán las palabras que forman parte de mi, que tiene una vida y un sentido, que ante todo respeto y honro, de lo contrario no sería quien soy y menos persona, sino algo parecido a un animal. Tal vez uno racional, mas un animal.

¡Quién sabe! Los hipócritas a lo mejor están en lo cierto.

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